Posteado por: Retratando Gran Canaria | 31 octubre 2010

DIA DE LOS DIFUNTOS



Patrimonio etnológico
2 DE NOVIEMBRE: LOS FINADOS
( LOS FIELES DIFUNTOS ) 
El día 2 de noviembre el orbe católico conmemora el día de los Fieles Difuntos. Es la cita de los deudos con sus seres queridos ya difuntos. La Asociación DEPACA desea tratar este tema que tanta importancia tiene, especialmente en el pasado, para conocer mejor nuestras tradiciones y para que no se pierdan sobretodo por la influencia exterior de otras ajenas a las nuestras.  
LA MUERTE Y LOS CEMENTERIOS EN OTROS PUEBLOS  Los pueblos indoeuropeos practicaban la cremación, encerrando las cenizas en toscos vasos de barro; los de estirpe camita los inhumaban en fosas, cavernas y túmulos. Dentro de esta última división debemos incluir a los pobladores antiguos de las Islas Canarias. Entre los egipcios se practicaban los enterramientos, creyéndose que quien no fuese enterrado no alcanzaría el descanso en la otra vida, por lo que se privaba de sepultura a los grandes criminales.

Los hebreos enterraban a sus muertos. Abraham compró una cueva para sepultura para él y para su esposa Sara y donde sus hijos Isaac y Jacob querían estar enterrados.

Entre los griegos y los romanos, en los primeros tiempos el entierro se hacía en el hogar o en sus proximidades.

Las Doce Tablas prohibió enterrar los cadáveres dentro de las ciudades. Al aumentar la población y al carecer los pobres de recursos para un sepulcro privado, hicieron que se estableciesen sepulturas públicas.

Los cristianos, fundándose en el dogma  de la resurrección, enterraban a todos los muertos. Durante los primeros tres siglos el lugar de enterramiento fueron las catacumbas. Terminada su persecución, los cristianos enterraban en las iglesias. Comenzaron a enterrarse a los emperadores, obispos y después al pueblo en general. De esta forma, los templos llegaron a ser los cementerios de los cristianos, costumbre ya generalizada en el siglo VI. Los fieles podían elegir el sitio dentro del templo, con tal de que no fuera en el coro, ni debajo del altar, lugar reservado para las reliquias de los santos y de los mártires.

El sentarse los fieles en el interior de las iglesias es una práctica relativamente moderna, ya que antes estaba prohibido, por considerarse indecoroso que descansasen los vivos donde reposaban los muertos.

Al aumentar la población, las iglesias eran insuficientes para albergar las tumbas, por lo que se habilitaron para tal objeto los terrenos inmediatos a la iglesia. De esta manera nacen los cementerios  parroquiales.

La iglesia católica ha considerado a los cementerios como una prolongación de las iglesias y como lugares sagrados. El cementerio en que debe efectuarse la sepultura es el de la parroquia del difunto. 

 

SE CREAN LOS CEMENTERIOS PÚBLICOS  Fue el rey Carlos III en 1787 por Real Orden quien establece los cementerios fuera de las iglesias y de las ciudades. Esta Real Orden provocó una polémica entre la Iglesia y el Estado, el definitivo reglamento se redactó en 1883 donde se especifica que los cementerios deben ser construidos por los ayuntamientos y custodiados por la iglesia.  
EL PRIMER CEMENTERIO DE GRAN CANARIA  El cementerio de Las Palmas fue construido en 1812 con planes, según se cree, del imaginero José Luján Pérez. Las obras concluyeron en 1815, precisamente en el mismo año en que fallece Luján. El frontis es de estilo clasicista y predomina la cantería azul de Arucas, destacando los tres arcos de orden toscano -que nos recuerda a la fachada de la Catedral- y su frontón triangular que da acceso al pórtico  desde donde se pasa a la zona de enterramientos. Para la construcción de este camposanto el ayuntamiento no poseía recursos suficientes, pero fue el obispo don Manuel Verdugo y Arbiturria quien adelantó los fondos necesarios.

Como los infieles no podían ser enterrados en los cementerios católicos, se originó un problema con los residentes de otras confesiones. Por Real Orden de 13 de Noviembre de 1831 se concedió que se pudiese construir cementerios especiales para ser enterrados los muertos de otras confesiones religiosas.

Ante esto se crea en nuestra ciudad de Las Palmas un grave conflicto. Las mejoras y la importancia del Puerto de la Luz hacen que buques de bandera británica hagan escala aquí y poco a poco se va creando una colonia de británicos. A esta colonia se le presenta el problema de enterrar a sus muertos.

 

SE CREA EL CEMENTERIO INGLES Las gestiones del viceconsul Austice y 12 caballeros británicos, entre ellos Houghton, Wood, Swanston y Tomás Miller producen el efecto de la construcción del cementerio inglés en el barrio de San José el 4 de diciembre de 1835.
LA JERARQUÍA CATÓLICA AIRADA  Los problemas no acaban aquí, ya que en nuestra ciudad habían otros residentes de otras nacionalidades que eran protestantes. Cuando fallecían, las autoridades los enviaban al recién creado cementerio inglés con la consiguiente protesta de los responsables británicos. Don Diego Miller, para solucionar este problema, propuso que en un lateral del cementerio católico de Vegueta, lindando con el mar se adaptase un espacio para aquellos difuntos protestantes que no fuesen de nacionalidad británica.

La comisión municipal estudió el tema y habilitó este espacio para el fin ya referido. Pero el problema se agrava ya que la iglesia católica se sintió ultrajada y desde ese momento los sacerdotes no penetraron en el camposanto de Vegueta, despidiendo la comitiva fúnebre al final de la calle Reyes Católicos, bajo la sombra de un árbol -un Ficus Macrophila-, tradición que perduró por décadas, llegándose a denominar este árbol en el saber popular como el Árbol del Responso

 

EL CEMENTERIO DE SAN CRISTÓBAL (VEGUETA)  En el siglo XIX con la creación y difusión del industrialismo, el capitalismo y el enriquecimiento personal, nacen dentro de los cementerios, los Panteones y Monumentos como una forma de perpetuarse en el más allá. En el cementerio de Vegueta podemos destacar el sepulcro de mármol de la familia Manrique de Lara de 1847; el de don Cristóbal del Castillo y Manrique de Lara de 1871 o el de la familia Velázquez Martín de 1853.

Asimismo la familia Gourié con un ángel alado sentado sobre una roca, simbolizando el mundo invisible.

Un escultor a destacar es el italiano Paolo Triscornia di Ferro, de Génova, taller que creaba monumentos funerarios y otros por encargo. Es el creador del monumento a Cristóbal Colón en la Alameda de su nombre.

Un panteón espectacular es el de la familia Rodríguez labrado en mármol en el taller antes citado. 

 

 LOS ANTIGUOS ENTIERROS  La actividad cotidiana de nuestra ciudad quedaba paralizada cuando por las calles aparecía la figura del cura ataviado con sus trajes talarex, llevando los santos sacramentos de la iglesia a los moribundos. El cura iba a caballo precedido por los monaguillos que llevaban la cruz y el agua bendita. Delante de ellos iba el sacristán tocando la campanilla para anunciar el paso del cortejo.

Todo el mundo se arrodillaba, los carros y coches se paraban en señal de respeto.

Más tarde, cuando la ciudad contaba ya con tranvía, éste aflojaba la marcha, el conductor y los pasajeros se arrodillaban y los que tenían sombrero se lo quitaban. 

 

LOS ENTIERROS NOCTURNOS Otra tradición era el enterrar por la noche, hacia las 10 de la noche. Este ritual causaba en nuestros visitante una impresión tétrica. La procesión aparecía lentamente, primero iban los monaguillos vestidos de escarlata, a continuación el cura con el libro acompañado de otro monaguillo que le iluminaba las páginas del libro y entonaba lastimeros rezos.

El cuerpo del difunto iba detrás y bajo palio, llevado por cuatro hombres. Terminaba el cortejo con los pariente del fallecido con faroles en filas paralelas. Si el fallecido era joven, el ataúd iba descubierto por las calle y adornado con flores.

En el año 1919, el ayuntamiento de Las Palmas puso fin a esta tradición ya que  una Ley de Sanidad prohibía los entierros después de la tarde.

 

TRADICIONES. Una costumbre ya perdida era la de llevar a la casa del difunto gallinas, chocolate y otros alimentos ya que los vecinos se preocupaban de hacerles la comida. Al cementerio no iban las mujeres, ni a la conducción del cadáver.

Se rezaba un rosario el día de la misa en la casa del difunto. Los dueños correspondían ofreciendo bebidas y pastas.

Otra tradición que casi existe aún, es la de encender lamparitas en un plato con aceite, una lámpara por cada difunto.

El escritor Domingo José Navarro Pastrana en su obra “Recuerdos de un noventón” nos dice que la última fiesta del año era la noche de difuntos donde se reunían las familias a jugar a la perinola, comiendo castañas y dulces, junto con copas de vino rancio y licores. Se contaban cuentos y chistes y alegres bromas.

 

DEPACA advierte de la introducción en nuestra sociedad de tradiciones ajenas que algunos tratan de hacer que sustituyan a las nuestras. Fuente: Asociación Ciudadana por la Defensa del Patrimonio Historico de Canarias – DEPACA
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