El barrio de San Francisco es un barrio de casas pequeñas, encaladas, con cubiertas de tejas a dos aguas, con sus puertas y ventanas pintadas en verde, calles empedradas llenas de encanto, de paz, sencillez y armonía.
Caminando por este barrio podemos encontrarnos con la Iglesia Conventual. Recordamos como el S. XVI se levanta en este lugar una pequeña ermita bajo la advocación de Santa María de La Antigua y, en el S. XVII, se establecen los hijos del «Pobrecillo de Asís», fundando el convento que lleva el nombre del Santo italiano.
En 1836 fue desamortizado, aunque no consiguió el barrio olvidar a sus frailes, y, hoy, como antaño sigue unido al santo patrono del que tomó nombre.
Doblando la primera de las cien esquinas de las que conforman el entramado de calles llegamos a la plaza de los Romeros desde donde podemos observar, bajo nosotros, el milenario Barranco Real cruzado por el centenario Puente de los Sietes Ojos y mas allá los poblados trogloditas de Tara y Cendro.
Continuamos a lo largo de la calle Portería, casas con tapias en donde se nos muestran restos del antiguo vía crucis franciscano y coronando los viejos y blancos muros, las almenas. Acompañados del sonido del agua, a su paso por las acequias de riego, llegamos hasta la calle de las Carreñas. Llegado a la antigua entrada del barrio nos encontramos con la casa de los hermanos León y Castillo, hoy dedicada a museo monográfico del periodo de la Restauración. Los edificios que acogen este museo son dos antiguas casonas de patios centrales y tejados a dos aguas y se conservan en buen estado.
Para una información mas completa de esta entrada consultar el siguiente enlace Ruta de San Francisco.
























